TOMO 05 – OCTUBRE 2019


Por Comunicación Social publicado 2019-10-29



POR ALEXANDRA DANIELA CID GONZÁLEZ
Vivimos en una época en la que la palabra transformación se ha convertido en lugar común. Ha sido tomada como bandera que intenta reunir las legítimas exigencias de combate a la corrupción, transparencia, rendición de cuentas, seguridad, etcétera, en un constructo que se ha vendido como una barredora que cimbrará el sistema para ahuyentar (en una puesta en escena mágico-cómica) las oscuras fuerzas del antiguo régimen.

Lo que es posible advertir sin embargo, son las profundas inconsistencias en el discurso (“lucharemos contra la corrupción” vs “no soy vengativo”) y la incongruencia que exudan desde su arraigado origen pre transformacional  (solo basta leer acerca del Director de la CFE quien una vez más se ha visto envuelto en un escándalo que a todas luces evidencia la falta de probidad de los emblemas de este sistema que pretendía tumbar al anterior).

Dice Zygmun Bauman “Los primeros sólidos que debían disolverse y las primeras pautas sagradas que debían profanarse eran las lealtades tradicionales… Para encarar seriamente la tarea de construir un nuevo orden (¡verdaderamente sólido!), era necesario deshacerse del lastre que el viejo orden imponía”.

La situación es que en lugar de disolver dicho lastre, rescatan la política más rancia que ha visto este país. La polarización, las prebendas, los privilegios, la dádiva paternalista, el desprecio por las instituciones, la medición y los mecanismos, se vuelven ahora un asunto en el cual entra todo a criterio del (otra vez) figura de un caudillo con halo incuestionable (so pena de linchamiento social y en redes de quienes no creen que el señalar y cuestionar es parte de la democracia). El espejismo de la  disolución de los sólidos no es sino una descarada afirmación del status quo en el sedimento de estos.

A 80 años de su fundación, Acción Nacional tiene la responsabilidad histórica que tuvieron sus fundadores, en un entorno como en el que nos encontramos, la profunda reflexión sobre esta realidad no es pérdida de tiempo, es por el contrario condición necesaria para asumir el legado histórico que tenemos, con las convicciones de nuestros ideólogos, que sustentan el trabajo de nuestros gobiernos y que fundamentan nuestra propuesta, con el ejemplo de miles de hombres y mujeres que han sido ejemplo de liderazgo y trabajo permanente, e incluso de los errores que se han cometido, que nos obligan a retomar rumbo.

Acción Nacional inició con un grupo de jóvenes que creían en las Instituciones, en el respeto a la eminente dignidad de las personas centro de los derechos humanos y  en la participación ciudadana como vehículo para la búsqueda del bien común.
Continuaremos por tanto en la convicción del diálogo y la unidad, valorando y apoyando la participación de ciudadanas y ciudadanos que estudian, se organizan y aportan en las organizaciones de la sociedad civil, escuchando a quienes no tienen acceso a ser escuchados, haciendo frente a la toma de decisiones autoritaria que atenta contra la república y la democracia, comprometidos en fin,  al igual que la generación de 1915 en la búsqueda de una patria ordenada y generosa y una vida mejor y más digna para todos.