DESDE LA TRINCHERA INVISIBLE: UNA INGENIERA EN HOSPITAL EN TIEMPOS DE PANDEMIA
Por Comunicación Social publicado 2020-06-15
POR: ANÓNIMO
Soy ingeniera y trabajo en un hospital. Hoy me tocó terminar un proyecto que nos pidieron justo a la mitad de la pandemia, no creo que muchos estuviéramos preparados para lo que está pasando, y por lo mismo, un hospital de segundo nivel en un estado en el cual el sector público está rebasado, no se encontraba listo para lo que se avecinaba.
Nos pidieron acondicionar un ala de hospitalización completa para recibir a pacientes que contraigan esta famosa enfermedad, de un día para otro, con pacientes adentro y rápidito que vienen más, “de todos modos para eso está su área ¿no?” pues para eso y mil cosas más, pero eso es otra historia.
Ni hablar. Después de caer en pánico enfrente de mi jefe logré pensar claro, es mi chamba y tengo que hacerlo, así que hoy mi supervisor y yo nos metimos al área “COVID19” para por fin realizar los últimos detalles de nuestra labor como ingenieros en una pandemia; los ventiladores, monitores, cableado de telemetría, estuches de diagnóstico, laringoscopios, tomas aire, succión y oxígeno en su sitio.
Al fin terminamos y ¿saben que? Quede conforme, conforme con mi trabajo, con estar metidos en ese lugar 6 horas diarias, con uniforme quirúrgico, bata, dobles botas, doble gorro, doble guante, mascarilla N95 y doble cubrebocas (los cuales nos sofocaban), goggles y careta que lastimaban mi cara y mi nariz como si estuvieran hechos para eso, sudando como nunca lo había hecho, trabajando a ciegas porque mi respiración empañaba mis goggles, mientras escuchaba a una doctora gritar: “Ánimo mi rey, usted puede, no se deje” a un paciente intubado, luchando por su vida a solo 3 metros de mi , mientras veía a la mejor enfermera que conozco a la cual le confiaría mi vida, con un semblante triste que me destroza por dentro.
Nunca pensé que estaría en esta situación. Estoy en medio, en medio de todo lo que ustedes ven en las noticias, en medio de personas que no saben si van a regresar a su casa, en medio de las personas más valientes que he tenido la fortuna de conocer, en medio de un caos y yo con mi cajita de herramientas y un hambre que parecen dos.
Al terminar el trabajo me despedí, me quité todo el disfraz y salí de ahí. Sabiendo que al cruzar la puerta del hospital todo cambiaría, mientras recordaba todo el tiempo en el que estuve ahí dentro y que no podía respirar, en el que lavarse es para mi algo tan mecánico que hago sin pensar pero a consciencia, como para eliminar el virus que siento que se mete hasta por las orejas. Luego me animo, al imaginarme lo que voy a comer llegando a casa.
Salgo al fin del hospital totalmente agotada pero feliz de un trabajo bien hecho, pero ¿que me encuentro? ¡personas en la calle! en los restaurantes, caminando como si no pasara nada, como si no supieran que pueden llegar a estar justo en el lugar que mis compañeros y yo acondicionamos para salvar vidas. Les veo afuera, corriendo riesgos como si no les importara el trabajo de las enfermeras, médicos, personal de intendencia, inhaloterapistas, químicos, psicólogos, administrativos, mantenimiento o el mío…
No se que tanto les pueda importar mi labor como “ingeniera en tiempos de pandemia” pero decirles algo: yo extraño a mis abues, tíos, sobrinos, primos, amigos, extraño abrazarlos, llegar a asaltar el refri de casa de mis abuelitos, jugar con mis sobrinos, pelearme con mis tías porque no se acuerdan de la contraseña de su correo electrónico y quieren descargar Netflix, extraño a mi novio que está a 600 km de mi. Quisiera quitarme todo y seguir con mi vida normal pero no puedo. No puedo ni darle un beso a mis papás al salir de casa a trabajar, incluso si fuera el último.
Así que les pido con el corazón en la mano: POR FAVOR cuídense, no salgan de su casa. Yo se que estamos en una situación difícil pero no vayan a visitar a su familia, ni siquiera “nada más en la puerta y de lejitos”, ni saquen a los niños. Yo se que tal vez gracias a Dios no lo han sentido cerca pero yo si y es horrible, de verdad que no se lo deseo a nadie. A mi familia también les digo, los amo y son lo más importante para mi, les apoyaré y daré todo de mí para que estén bien se los prometo, pero por favor cuiden a mi abue, a mi tía, cuiden a sus niños, cuídense ustedes.
Ediciones Anteriores
Últimos artículos