OPOSICIÓN RESPONSABLE: EL PARADIGMA DEL PAN FRENTE AL PARTIDO DE ESTADO.


Por Comunicación Social publicado 2019-04-15



POR MARÍA DE LOS ÁNGELES DUEÑAS NAVA
Entre 1943 y 1945, el mundo contemplaba cómo la maquinaria de guerra alemana pasaba de un poderío casi mítico a un absoluto desastre frente a los ejércitos aliados. Durante esos años, un escritor originario de la Birmania colonial de nombre Eric Arthur Blair, desarrolló un texto que anunciaba a Occidente las criminales contradicciones de la Unión Soviética, disimuladas por el silencio cómplice de Churchill y de los estadounidenses mientras concluía la guerra con Alemania. Los años consagraron a Rebelión en la Granja como una novela esencial para la crítica social del siglo XX y a George Orwell, el pseudónimo del escritor birmano, como una de las voces de denuncia más importantes frente a un fenómeno de nuestro tiempo: el totalitarismo. Orwell, un socialdemócrata de escuela marxista, apuntó claramente en su obra los gravísimos peligros de un sistema construido con base en una revolución social creada en las contradicciones e injusticias sociales de los regímenes decadentes. Orwell narra cómo a partir de las reflexiones de un anciano cerdo próximo a morir, los animales heredan el odio frente a las duras condiciones de sus vidas. Las bestias echan a los humanos de la granja y colocan en su lugar a los cerdos que, corrompidos, restauran las penurias del control humano pero ahora sobre una retórica pervertida que consagra los privilegios y la miseria del resto. Como demostraron los mismos soviéticos con los zaristas, o los nazis con los judíos, la retórica de la polarización no produce la justicia social, sino invariablemente degenera en regímenes injustos que desnaturalizan y avasallan la condición humana frente a las pretensiones soberbias de quienes encarnan el Estado. El discurso oficial construye el mito del enemigo natural sobre el cual todas las demás estrategias y acciones están justificadas. El otro se convierte en objeto, despojado de su condición humana, y con ella, de la protección de sus derechos.

México enfrentó a principios del siglo XX un estallido social producto de las contradicciones del porfiriato. No obstante, el producto político de ese movimiento fue un régimen autoritario de partido de Estado alrededor del cual se construyó todo el entramado de la vida pública. La retórica revolucionaria se constituyó en el germen de un sistema político antidemocrático, injusto y profundamente desigual. En ese contexto nación Acción Nacional, para oponer a la dialéctica de la destrucción una vía basada en los principios de la democracia soportados por la esencia moral de la doctrina social cristiana. El autoritarismo revolucionario, deseoso de ideologizar la vida pública del país, comprometió a nuestro país a avanzar por un camino de enfrentamiento con su herencia histórica y con la voluntad democrática del pueblo que peleó en la Revolución por la efectividad del sufragio. Es en este momento histórico cuando la herencia del movimiento de 1915 adquirió naturaleza corpórea en Acción Nacional. Hombres y mujeres de bien de todo México se organizaron no para ganar elecciones, sino para arrebatarle al gobierno la pretensión de secuestrar la historia y la identidad de la Nación con su visión de partido, incompleta e injusta.

En estos días hemos asistido a un momento histórico de grave necesidad: nuestro país, por medios plenamente democráticos, entregó el poder a un discurso de odio que, utilizando las grandes deudas sociales de la transición democrática y aprovechando la inercia de la indignación con el corrupto gobierno previo, ha decidido crear una atmósfera de confrontación para absorber la totalidad de la vida pública. Este mecanismo de desmontaje de las instituciones autónomas, el acoso al Poder Judicial y la persecución pública de medios y comunicadores incómodos ha recibido el nombre de Cuarta Transformación, para equipararlo a los momentos históricos de la independencia de España, la restauración de la república con Juárez y la revolución. Esta pretensión discursiva tiene dos propósitos: convertir a su partido y su ideología en la nueva verdad histórica inapelable, por un lado, y la resacralización del presidencialismo y su liturgia, por el otro.

Es necesario decirle a los mexicanos que el discurso de la cuarta transformación es esencialmente una farsa. Primero, porque de esos tres episodios de la historia nacional aún debe investigarse y escribirse mucho, especialmente desde las aristas que no fueron incluidas en la llamada “historia oficial”. Pero es esencialmente falsa porque no existe una transformación en un proceso que es esencialmente la restauración del régimen de partido de Estado. No existe un cambio en lo que es en realidad la reconstrucción del presidencialismo. Frente a un discurso donde el adversario es enemigo, donde la crítica es ataque y donde la voluntad del Presidente es palabra mesiánica, Acción Nacional debe entender su papel como garante de las libertades democráticas, la estabilidad económica y los contrapesos legales. El PAN debe abandonar sus revueltas intestinas para concentrarse en la recuperación del discurso público frente al altavoz totalitario que el nuevo gobierno pretende constituir como atalaya de la verdad única. Considero que la ruta para que el PAN se convierta en una oposición responsable pasa por un derrotero de tres estaciones: la recuperación de la identidad doctrinal, la defensa de las ramas legislativa, judicial y autónoma del poder frente al avasallamiento del nuevo partido de Estado, y la toma de una posición proactiva junto con la ciudadanía para evitar que el nuevo gobierno siga marcando la pauta de los asuntos públicos.

Frente al discurso de confrontación del gobierno, el PAN debe defender la bandera del Bien Común adherido a la vida pública. Frente al paternalismo coactivo de sus programas sociales, el PAN debe proponer políticas públicas a partir de la subsidiariedad que devuelva autonomía y dignifique a las personas. Frente al asfixiante control estatal que se pretende en los gobiernos locales, el PAN debe impulsar la solidaridad como articulador del federalismo, del municipalismo y de la vida pública. Frente a la mitificación del Estado y del caudillo, el PAN debe devolverle a la persona su papel central como objeto y fin de toda la actividad política. Sólo rompiendo mediante medios democráticos la retórica populista, podremos darle a México las respuestas que demanda en esta modernidad en la que cuesta trabajo identificar cada acontecimiento. En su primer prólogo a su obra Los Orígenes del Totalitarismo, Hanna Arendt escribe: “La corriente subterránea de la Historia occidental ha llegado finalmente a la superficie y ha usurpado la dignidad de nuestra tradición. Esta es la realidad en la que vivimos. Y por ello son vanos todos los esfuerzos por escapar al horror del presente penetrando en la nostalgia de un pasado todavía intacto o en el olvido de un futuro mejor.” Acción Nacional no puede refugiarse en su mítica historia democrática, ni celebrar permanentemente sus triunfos electorales presente o futuros. No puede cruzarse de brazos esperando que fracasen mágicamente las estrategias del partido oficial. Acción Nacional debe convertirse en la oposición responsable que rescate la vida pública, ofrece alternativas viables y enfrente la retórica con honradez, congruencia e inteligencia. México se merece la mejor versión del PAN y de nosotros mismos.